El miedo corría por las venas de Ana como un veneno que se expandía sin control, quemándole el pecho, nublándole la mente, paralizándole las piernas. Sus pies se movían mecánicamente, uno tras otro, mientras Agustín caminaba a su lado con una tranquilidad que la aterraba aún más. Tan cerca que podía sentir su respiración caliente en la nuca. El arma seguía oculta en el bolsillo de su chaqueta, pero ella sabía que bastaba un movimiento para que apareciera. Bastaba un intento de huida para que to