Yvi
No me suelta.
Incluso cuando todo parece terminado.
Incluso cuando nuestros cuerpos no pueden moverse más, clavados por el esfuerzo, la éxtasis, el colapso.
Él sigue ahí, dentro de mí.
Enlazado. Enterrado. Agotado.
Sus brazos me retienen como cadenas invisibles, forjadas en el miedo.
Su mano se ha anudado a mi nuca, posesiva, temblorosa, como si temiera que desaparezca, que me disuelva en el alba.
Siento su corazón golpear contra el mío.
Sus latidos son desordenados.
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