Aleksandr
Desciendo las escaleras como se desciende al infierno.
Ningún ruido. Ninguna palabra.
Solo el lento martillar de mis botas sobre la piedra.
Con cada paso, mi mundo se derrumba.
El frío ya no tiene poder sobre mí.
El dolor ya no atraviesa.
Solo queda la rabia.
Silenciosa. Absoluta.
Se difunde en mí con la paciencia de un veneno antiguo.
Se adhiere a cada latido de mi corazón.
Está dentro de mí, y no quiero que se vaya.
Han tomado todo.
No ese cuerpo que he despoja