Ivy
El frío muerde mi piel, pero no siento nada. Solo quedan sus manos, sus alientos, sus cuerpos que me rodean. La luna ilumina nuestra decadencia, y sonrío, embriagada de su deseo.
— No me contengan… murmuro. Soy de ustedes.
El gruñido de Kael me atraviesa, áspero, bestial. Me empuja contra el árbol, su cuerpo ardiendo de rabia y deseo. Su mano se pierde en mi garganta, lo suficientemente apretada para recordarme que me posee.
— No tienes idea de lo que acabas de liberar, Ivy.
Kael
Maldita se