CAPÍTULO 83: EL ESCAPE IMPOSIBLE
Eden
Lucho con todas mis fuerzas, pero los brazos de Dmitry son una jaula. Me aferro a las paredes, intento clavar los pies en el suelo, pero él me arrastra sin piedad, como si yo no fuera más que una hoja en una corriente imparable. Detrás de nosotros, todo tiembla. El mundo se desmorona y yo solo quiero volver. Volver al cuerpo de mi padre, volver al sitio donde Roger murió susurrándome que me perdonara. Volver a donde Nikolai aún estaba…
—¡Tenemos que volver! —grito, desgarrada—. ¡Nikolai! ¡Mi padre! ¡Tenemos que volver!
—Tu padre está muerto, lo sabes —responde Dmitry, sin aflojar su paso, sin soltarme.
—¡Pero Nikolai no! ¡No lo está! ¡Tenemos que volver por él! ¡No puedes dejarlo ahí!
Nos internamos en un pasillo oscuro, húmedo, diseñado para evacuaciones, una especie de pasillo lleno de tubos de metal y piedra que vibra con cada explosión. Entonces, como si el universo escuchara mi desesperación y decidiera castigarla, todo truena de forma ensord