25 de diciembre de 1741
Catherine nunca había estado en un lugar como ese. El gran muro de hielo que apareció de la nada es tan alto como si apilara tres barcos uno sobre otro. Las paredes congeladas que los rodean al entrar por la gran abertura vuelven el ambiente aún más helado. Pueden ver sus alientos saliendo como si fuese vapor de sus bocas.
Van lento en caso de que haya algún peligro. No saben qué es lo que les espera al cruzar del otro lado. Lo único seguro es que parece que el comodoro