Punto de vista del autor.
El sol de la tarde iluminaba la oficina de Leon a través del gran ventanal que daba al horizonte de Londres. Su escritorio de caoba estaba cubierto de documentos, el portátil abierto y tres tazas de café ya frías. Leon estaba sentado en su silla, con un traje gris y una corbata azul oscura ligeramente aflojada. Su rostro seguía impasible como siempre, pero sus ojos mostraban un cansancio que no podía ocultar: ligeras ojeras, finas arrugas en la frente que no desaparecí