A la mañana siguiente, un coche negro y lujoso se detuvo frente a mi apartamento.
No era un coche cualquiera. Un coche largo, con cristales oscuros y un chófer con uniforme impecable. Miré desde detrás de la ventana, con el corazón latiendo fuerte. Sebastián ya estaba fuera, hablando con el chófer, y luego me miró desde lejos.
—Todo está listo —dijo cuando abrí la puerta.
—¿Qué?
—Nos vamos a Londres.
—Yo no he...
—Ya preparé todo. Tu maleta ya la bajé. Ethan ya se despertó y ya desayunó.
Miré h