No sabía desde cuándo me había convertido en esto.
La Ana de antes, la que tenía miedo de que la tocaran, la que se avergonzaba de su propio cuerpo, la que bajaba la mirada cada vez que un hombre se acercaba, ahora era la Ana sedienta, la Ana loca, la Ana que solo tenía una cosa en la cabeza: sexo.
Me había vuelto adicta.
Esos tres hombres me habían arruinado, o quizás me habían despertado. No sabía cuál era la respuesta. Lo que sí sabía era que desde la primera vez que me penetraron los tres a