Susan no pudo evitar quedarse sin palabras… pero también soltó una pequeña risa al ver la escena. No todos los días se veía a Tyler en ese estado.
Se lo merece, pensó.
—Stefan, ¿quieres que te ayude con el pulpo? ¿Por qué no descansas un poco? —ofreció Hendrix.
Lavó el pulpo y lo devolvió al cuenco.
—Está bien, señor Cooper. Esta pequeña bestia marina es bastante traviesa, pero no dejaré que se escape otra vez —respondió Stefan con una sonrisa.
Luego colocó el pulpo sobre la tabla de cortar y c