Capítulo diecisiete

El resto del viaje transcurrió en paz. Freya se durmió y Hendrik continuó trabajando en su cuaderno. La azafata le atendió un par de veces más, pero no se atrevió a mirarla. Justo antes de aterrizar, Hendrik le ajustó el cinturón de seguridad con cuidado para no despertarla. La observó atentamente un rato, apartando el cabello que le tapaba la cara. Después, continuó con su cuaderno.

En cuanto el avión aterrizó, Freya se despertó al notar los movimientos. Hendrik la miraba con una mirada cariño
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