Hendrik subió las manos por sus muslos, deslizándose dentro de la bata, y agarró el trasero de Freya, apretándolo. Freya gimió bajo el firme agarre de la otra. Se soltó del beso y comenzó a acariciarle el pecho y el abdomen, observando cada músculo y rasgo de su cuerpo.
Ese hombre era completamente atractivo y masculino, como siempre decía Anika, un verdadero dios griego, y Freya podía tocarlo y disfrutarlo por completo, disfrutando de cosas que su yo anterior no le permitía experimentar.
Freya