La idea empezó como una incomodidad.
No como concepto articulado ni como decisión tomada. Como algo que rozaba en algún punto interno cada vez que alguien en una reunión me llamaba señora Rossi y yo sabía que lo decían no solo por el apellido que llevaba sino por el apellido de quién lo llevaba conmigo.
Tardé tres semanas en nombrarlo.
Fue un lunes por la mañana, revisando los contratos de expansión de Marchetti Import con Carolina. Los contratos que llevaban mi firma como Sophia Marchetti, pre