Las puertas del Grand Ballroom del Hotel Meridian se abrieron a las ocho en punto.
No con el tipo de apertura ceremonial que hace que todos miren. Con la apertura funcional de las puertas que se abren porque alguien las ha abierto y porque había personas esperando que se abrieran para entrar.
Nosotros éramos las últimas en llegar de las que llegaban temprano.
No tarde. En el momento correcto: cuando la sala ya tiene suficiente gente para tener calidad propia pero todavía no tiene el ruido de cu