El sobre no tenía remite.
Llegó un miércoles por la mañana entre la correspondencia habitual de la fundación, con el sello de un servicio de mensajería que no era el que usábamos habitualmente. Carolina estaba en una reunión externa. Fui yo quien lo abrió.
Tres hojas.
Fotocopias de correos electrónicos con fecha de hacía cuatro años, en el período en que el plan McKenzie estaba en su fase más activa, cuando yo coordinaba cada movimiento con la precisión de quien sabe que un error puede costarlo