Carolina no volvió al día siguiente.
Tampoco al siguiente.
Yo tampoco la llamé.
El despacho tenía la quietud específica de los espacios donde alguien lleva años siendo parte del mobiliario humano y de repente no está y el espacio no sabe todavía cómo ocupar lo que queda.
Valentino lo notó esa noche.
No lo dije yo. Lo notó él. En el tipo de cosas que nota alguien que presta atención al estado del apartamento como extensión del estado de la persona que lo habita: el café que yo no había hecho a l