Cada intento de Teo por contactarme a través del vínculo acababa igual, con el eco mudo de algo que ya no existía.
Y fue entonces cuando el verdadero miedo lo golpeó. Corrió hasta el campo de entrenamiento, a punto de perder el control y transformarse ahí mismo, movido por el pánico.
—Necesito ver a Alejandro. ¡Ahora!
El entrenador principal, un lobo anciano que había servido a tres Alfas, lo miró como si estuviera frente a una peste.
—¿Tú eres el Beta Teo? ¿El que va diciendo por ahí que Ma