Antes de que las palabras pudieran ser pronunciadas, Ezequiel arrojó el vaso de licor contra la pared con fuerza. El vino tinto que había dentro del vaso se esparció como una flor desgarrada, dejando lágrimas rojas de angustia en la pared.
Luego, con el cuerpo tenso, se levantó del sofá, lleno de ira, y salió de la habitación a grandes zancadas.
—Lautaro, ¿qué está pasando aquí? ¿Aurora está embarazada? ¿Otra vez ha tenido un aborto espontáneo?
Valentín no necesitó mucho tiempo para entender. ¿A