En la antigua mansión de los Mendoza, Miranda esperaba ansiosamente noticias, caminando de un lado a otro en la habitación. Miró el reloj en la pared con creciente impaciencia. Ya era por la tarde y, con solo una cirugía tan pequeña, no sabía si ya se había llevado a cabo.
Su teléfono sonó dos veces, y rápidamente lo revisó. Una expresión de alivio apareció en sus ojos ansiosos cuando eliminó permanentemente el mensaje. Una sonrisa se dibujó en sus labios.
—Aurora, crees que puedes intercambiar