Al escuchar su confesión tan sincera, Ezequiel sintió un retorcimiento en las comisuras de los labios. Sus ojos, llenos de ira, lo miraron fijamente, pero luego sus labios se curvaron en una sonrisa extraña.
—No me sorprende que no quieras llevar nada contigo de mí, Aurora. ¿Crees que Ulises puede darte más de lo que yo puedo?—Su tono burlón y su sonrisa maliciosa hicieron que Aurora se sintiera como si estuviera cayendo en un abismo de hielo, congelándose desde afuera hacia adentro.
Apartó la m