Mundo ficciónIniciar sesiónLEILA
Al oír esas palabras, se me detuvo el corazón.
—¿Qué has dicho? —inquirí con la voz estrangulada.
Giulio estaba quieto como una estatua.
—He dicho que es lo mínimo que puedo hacer por la mujer que amo —repitió y negué con la cabeza.
—No... no puede ser —dije, sintiendo como si el mundo estuviera derrumbándose a mi alrededor.
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