capítilo 2

Hannah se quedó completamente inmóvil.

Durante unos segundos, no supo qué pensar. Parpadeó varias veces, como si su mente se negara a aceptar lo que acababa de escuchar.

Su mirada se deslizó hacia Camilla y luego regresó lentamente a Julio.

No...

No lo había entendido mal.

Él acababa de decirle que Camilla iba a vivir allí.

En aquella casa.

En aquella villa donde ellos fingían ser simples conocidos, cuando en realidad llevaban tres años casados.

Camilla dio un paso al frente con una sonrisa cálida y natural.

—Hola, Hannah. Cuánto tiempo.

Hannah le devolvió una leve sonrisa.

—Hola.

Su voz sonó tranquila. Sin embargo, por dentro todo se tambaleaba. Su corazón latía con tanta fuerza que sentía que, en cualquier momento, iba a delatar todo lo que estaba sintiendo.

Camilla recorrió el salón con una mirada de admiración.

—Esta villa es todavía más hermosa de lo que recordaba.

Sin responder, Julio tomó el asa de la maleta.

—Rosa ha preparado la habitación de invitados para ti.

—Gracias, Julio.

Pronunció su nombre con una naturalidad desconcertante.

Como si nada hubiera cambiado.

Como si los años que habían pasado separados nunca hubieran existido.

Como si su historia simplemente hubiera quedado en pausa para continuar hoy.

Y Hannah...

Como si jamás hubiera tenido un lugar entre ellos.

Unos pasos apresurados resonaron en la escalera.

Unos segundos después apareció Rosa.

Respiraba con dificultad cuando se detuvo frente a Julio.

—Señor.

—Suba el equipaje de la señorita Monteros.

—Sí, señor.

Rosa tomó las maletas de inmediato.

Cuando se alejó, Julio por fin dirigió la mirada hacia Hannah.

Durante un breve instante, ella contuvo la respiración.

Tal vez iba a preguntarle cómo estaba.

O simplemente a darle los buenos días.

Cualquier pequeño gesto habría sido suficiente.

Pero nunca llegó.

—Esta noche tenemos una reunión importante. Prepara la cena para tres.

Su voz era tranquila.

Profesional.

Como si estuviera hablando con una empleada.

No con su esposa.

No con la mujer que llevaba días esperándolo.

Hannah sintió que un nudo le cerraba la garganta.

—De acuerdo...

Pronunciar aquellas palabras le costó más de lo que habría imaginado.

Julio asintió distraídamente y, con total naturalidad, apoyó una mano en la espalda de Camilla.

Fue un gesto pequeño.

Pero para Hannah fue como recibir una puñalada.

Los dos subieron las escaleras uno al lado del otro.

Sus voces fueron alejándose poco a poco.

De pronto, Camilla soltó una pequeña carcajada.

Unos segundos después, Julio respondió con otra.

El silencio volvió a adueñarse de la casa.

Hannah permaneció sola en medio del salón.

Siguió mirando la escalera vacía, incapaz de apartar la vista.

Al final bajó los ojos.

El desayuno que había preparado con tanto cariño ya estaba completamente frío.

El café de Julio había dejado de echar vapor hacía mucho tiempo.

Una sonrisa triste apareció en sus labios.

Se había levantado antes del amanecer.

Había querido hacer algo especial para él.

Dar la bienvenida a su esposo como una mujer feliz de volver a verlo.

Y él...

Ni siquiera se había dado cuenta de todo lo que ella había hecho.

—Señora...

La voz dulce de Rosa la sacó de sus pensamientos.

—Debería comer algo.

Hannah negó lentamente con la cabeza.

—No tengo hambre.

Rosa la observó con preocupación.

—Ayer tampoco comió casi nada.

Aquellas palabras dibujaron una sonrisa cansada en el rostro de Hannah.

En aquella inmensa casa, Rosa probablemente era la única persona que notaba cuando ella estaba sufriendo.

—No se preocupe por mí.

Rosa guardó silencio unos segundos.

Después murmuró:

—El señor nunca debió traer a esa mujer a esta casa.

El rostro de Hannah se tensó.

Tras un largo silencio, respondió con una voz apenas audible:

—Ella fue su primer amor...

Rosa sostuvo su mirada.

—Tal vez. Pero hoy la esposa es usted.

Aquellas pocas palabras consiguieron devolverle un poco de calor al corazón.

Sí.

Ella era su esposa.

Esa era la verdad.

Pero era una verdad encerrada entre las paredes de aquella villa.

En cuanto cruzaba el portón...

Volvía a ser una desconocida.

Una mujer sin nombre.

Sin un lugar al lado del hombre que amaba.

Solo la silenciosa guardiana de un matrimonio secreto que parecía desmoronarse un poco más cada día.

Y mientras Julio ya caminaba hacia otra vida...

Hannah solo intentaba reunir las fuerzas suficientes para no romperse por dentro.

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