Capítulo 53: El barco fantasma
El día después de echar a Lucas, el ático estaba demasiado silencioso. Faltaba su música, faltaban sus chistes malos y faltaba el ruido de su lápiz sobre el papel.
Damián miró la silla vacía. Leo ya había retirado el ordenador de Lucas y había borrado sus claves. Era como si nunca hubiera existido.
—Hace falta —dijo Elena, adivinando sus pensamientos. Estaba regando una planta con aire triste.
—Era un traidor —respondió Damián, duro—. Nos vendió.
—Lo sé. Pero tamb