Capítulo 52: El pez muerde el anzuelo
El martes amaneció gris. Llovía suave sobre la ciudad.
Damián no había dormido. Estaba sentado en el sofá, con la misma ropa de ayer. Elena estaba a su lado, tomando té en silencio.
Los dos miraban el teléfono de Damián que estaba sobre la mesa. Esperaban una llamada. Una noticia. Cualquier cosa que les dijera qué mentira se había tragado el abuelo.
A las nueve de la mañana, llegaron Lucas y Leo.
—¡Buenos días, familia! —gritó Lucas, sacudiendo su paraguas