Anna empujó la puerta de su despacho y se quedó paralizada. Liam estaba dentro, de pie con los brazos cruzados, mientras Oliver permanecía a su lado, visiblemente tenso.
—Doctora Anna —se apresuró a decir Oliver—. Este es el señor Liam… el propietario del hospital.
El corazón de Anna se disparó al instante. Un nudo de inquietud se le formó en el pecho. ¿Y si Liam estaba molesto porque había aceptado trabajar allí sin decírselo?
—Señor Liam, sobre la contratación de la doctora Anna, yo… me discu