«Anna.»
La voz de Matilda se deslizó dentro de la habitación cuando entró en el dormitorio.
—¿Sí, mamá? ¿Qué pasa? —respondió Anna, deteniéndose un momento en lo que estaba haciendo.
—¿Ya comiste? —preguntó Matilda. A pesar de su tono suave, la culpa aún se reflejaba claramente en sus ojos.
—Sí, mamá. No te preocupes —contestó Anna con dulzura.
Matilda soltó un suspiro lento.
—Lo siento. Me dejé llevar con lo de Agnes… Estaba tan entusiasmada con la idea de emparejarla con Liam que no me di cue