Liam abrió los ojos y encontró el lado de la cama vacío. Anna ya se había ido. Solo quedaba el tenue rastro de su perfume flotando en el aire, un recordatorio silencioso de la noche ardiente que habían compartido.
Con la mandíbula tensa, Liam tomó el teléfono de la mesita de noche y marcó de inmediato el número de su asistente.
—Averigua quién puso algo en mi bebida anoche —ordenó con voz corta y afilada.
Sin esperar respuesta, colgó. Luego se levantó y entró al baño.
---
Cuando llegó a la resi