—No tienes la más mínima idea de cuánto te aprecio realmente —prosiguió Alexander, inclinándose hacia delante con una falsa y escalofriante dulzura en la mirada—. Si quiero mantenerte alejada de ese hombre, no es por capricho; es simplemente porque no puedo ignorar lo que pasó, lo que ese maldito sujeto hizo en el pasado...
Esa fue la gota que derramó el vaso. Todo el terror, el encierro y la opresión acumulada se desvanecieron de golpe, transformándose en una furia ciega e irrefrenable. Cassan