Cassandra sintió cómo un enorme nudo se le formaba en la garganta, tan apretado y doloroso que por un instante pensó que se echaría a llorar allí mismo. Ver la felicidad pura y desbordante en el rostro de su hijo era un bálsamo, sí, pero al mismo tiempo era un espejo cruel que le devolvía el reflejo de sus propios errores. Su mente la arrastró hacia los recuerdos de su propio egoísmo, de la manera impulsiva y vengativa con la que había actuado al inicio. Se sentía profundamente culpable. Aunque