La cálida luz del amanecer se filtraba a través de las pesadas cortinas de la habitación, pintando franjas doradas sobre las sábanas blancas. Cuando Cassandra abrió los ojos, lo primero que sintió fue el leve y acompasado subir y bajar de una pequeña respiración a su lado.
Giró el rostro sobre la almohada y allí estaba. No había imagen más pura ni momento más tierno en todo su caos que despertar con su pequeño Luca a su lado. Ver su carita relajada por el sueño era el único bálsamo capaz de cu