El cambio brusco desorientó a Sebastian por un instante. La simple mención del nombre de su hijo hizo que la dureza de sus facciones se suavizara, reemplazada por una vulnerabilidad que rara vez permitía que alguien viera.
—Así es —admitió, tragando el nudo en su garganta—. Quiero ser parte de su vida, Cassandra. Pero... entiendo que tengas límites. Entiendo que quieras que vayamos poco a poco con todo esto. Además... —bajó la mirada hacia su propio cuerpo inmovilizado, cubierto de vendajes y