Otro día, la mujer pudo apañarselas para ir a ver a Sebastian. Salió directo a la compañía pero una vez allí en el estacionamiento subterráneo, su amiga Samantha la estaba esperando. Así que cambió de auto, subió al auto de su amiga y esta la llevó directamente a la clínica.
—¿Todo en orden?
—Sí, una vez más gracias —susurró mientras se ajustaba el cinturón de seguridad y su amiga le guiñó un ojo.
Antes de llegar a la puerta de la habitación de Sebastian, se detuvo un segundo en un rincón apa