—Yo...
—¿Qué demonios haces tú aquí?
La voz, áspera y cargada de una hostilidad cortante, rompió el silencio aséptico de la sala de espera. Cassandra levantó la vista lentamente, sintiendo que la sangre se le helaba en las venas. Al procesar el rostro del hombre que estaba de pie frente a ella, un chispazo de confusión le atravesó la mente. Reconocía esa voz. El tono, la cadencia, la forma en que pronunciaba las palabras... la transportó de golpe a aquella llamada telefónica de días atrás.
¿J