—No es imposible, Sebastian. Es una realidad —replicó Eleanor con un tono cortante, impregnado de una fría seguridad que traspasaba la línea telefónica—. Aunque parezca un milagro, yo misma estoy sorprendida. Si tanto lo dudas, puedo enviarte la ecografía ahora mismo.
Sin dejarle margen de respuesta, colgó la llamada de golpe. Había calculado todo, o eso ella creía; el plan marchaba exactamente como lo había ideado, respaldada por una ecografía falsa y un test de embarazo alterado que había co