La primera mañana de Sebastian bajo las nuevas reglas de C.W.B. Investments comenzó con un silencio sepulcral en la compañía Westminster. Al cruzar las puertas de su antigua oficina, la bofetada de la realidad fue inmediata. Su imponente sillón había sido desplazado, y un escritorio provisional ocupaba el espacio junto a la entrada, albergando a un representante de la junta de Cassandra cuya única tarea parecía ser la de vigilar, cronometrar y registrar cada respiración del antiguo CEO.
Ya no