Pero antes de que las cosas escalaran más allá de la cordura, un ruido seco en el pasillo exterior los sacudió. Pasos erráticos. Una presencia inconfundible. En un reflejo rápido para evitar que los descubrieran, Sebastian tiró de Cassandra hacia la penumbra, ocultándose ambos tras la pesada mampara divisoria del fondo.
Era Eleanor. Hizo su aparición de la nada, empujando la puerta del despacho con una botella de cristal en la mano, con la mirada desquiciada y buscando a gritos a su esposo en l