El trayecto de regreso a la casa su mente estuvo ausente. Sebastian iba en la parte trasera de su coche, encogido sobre sí mismo, con la mirada perdida en las luces borrosas de la ciudad. Su mente era un vacío absoluto. Lo había perdido todo. Su orgullo, su compañía, y la poca dignidad que le quedaba al tener que arrodillarse ante la mujer que él mismo había destrozado.
Cuando el coche se detuvo frente a las puertas de hierro de su hogar, Sebastian tardó largos minutos en obligar a su cuerpo a