Habían pasado cuarenta y ocho horas desde que firmó aquel contrato. Dos días enteros en los que Sebastian no había podido dormir, consumido por la humillación y los constantes gritos de Eleanor resonando en las paredes de la casa.
No podía ir a buscar a Cassandra a la oficina principal de C.W.B. Investments y exigir hablar con ella. Lo mandaría a echar a la calle con sus guardias de seguridad sin pensarlo dos veces. Necesitaba verla en un terreno neutral, lejos de los abogados y del ambiente co