El trayecto hacia el aeropuerto fue una auténtica pesadilla borrosa. Cassandra conducía con las manos apretadas al volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos, mirando constantemente por el espejo retrovisor. Cada lucesita parpadeante le parecía una amenaza, pero logró llegar a la terminal sin ser interceptada.
Aparcó el vehículo de cualquier manera en la zona de embarque rápido. Tomó las maletas con una mano y, con la otra, sujetó fuertemente a Luca.
—Camina rápido, cariño, no te se