Dos días después, el momento de empacar había llegado. Cassandra se movía de un lado a otro en la habitación, encargándose de guardar en las maletas únicamente la ropa necesaria, artículos personales y los documentos de identidad que requerían con urgencia. No había espacio para lujos ni tiempo para dudar.
A su lado, Luca también estaba haciendo su parte. Ayudaba a su madre a doblar un par de prendas con una emoción desbordante que Cassandra no le había visto en años. Sus ojitos brillaban con u