Las palabras del fiscal seguían girando en su cabeza, allí en la fría sala de interrogatorios, disipando por fin los fantasmas que habían perseguido a Sebastian durante años. Por primera vez en mucho tiempo, la verdad no era un peligro, sino su salvación.
—Si las cosas son así... entonces hablemos —respondió Sebastian, enderezándose en la silla con una mirada de acero.
A su lado, un asistente del fiscal tecleaba con rapidez en una laptop, registrando cada palabra. Sebastian comenzó a deshilvan