El vuelo procedente de Roma aterrizó en el aeropuerto internacional de Nueva York con puntualidad exacta. Sebastian caminaba por la pasarela de desembarco con paso firme, sintiéndose agotado, solo quería tirarse en su cama y dormir. Sin embargo, antes de siquiera llegar al área de control de aduanas, dos hombres con trajes oscuros y placas doradas le bloquearon el paso discretamente.
—¿Señor Sebastian Westminster? —preguntó el oficial al mando con voz neutral, era rudo.
Sebastian se detuvo en s