La noche envolvió la propiedad en un silencio pesado, roto únicamente por el crujir de las ramas mecidas por el viento frío. En la parte trasera de la casa, una sombra se deslizó con torpeza cerca de la entrada. Era un hombre desaliñado, de mirada dispersa y errática, un ladrón de poca monta que había estado rondando la zona buscando algo de valor para costear su próxima dosis.
Para su sorpresa, la puerta trasera estaba entreabierta. Jordan, en la prisa y la desesperación por sacar a Sebastian