Su respiración se volvió errática mientras sus ojos se fijaban en la figura que se encontraba al otro lado del salón. No podía ser un error. No esta vez.
Enrique Raushe estaba allí.
Su mente trató de racionalizarlo, de encontrar una explicación lógica para su presencia en aquel lugar. Pero el resto de su cuerpo no le dio tiempo. Un escalofrío recorrió su piel mientras sus dedos se aferraban al borde de su vestido con fuerza.
No desapareció entre la multitud como una ilusión, no se desvaneció en