Alanna despertó lentamente, el agua aún recorriendo su rostro y sus ropas empapadas pegadas a su piel. Su cabeza daba vueltas y su pecho aún sentía un pesado peso por la mezcla de agua ingerida y el cansancio. Aunque Leonardo la había rescatado y la había mantenido a salvo, no pudo evitar sentirse débil y vulnerable, el cuerpo aún temblando por la reciente angustia.
Leonardo, al verla despertar, le dio una mirada suave, pero con la misma firmeza que había mostrado antes.
—Te dejaré sola un mome