El silencio en la habitación solo era interrumpido por la respiración irregular de Alanna. Leonardo se sentó en la butaca junto a la cama, observándola con el ceño fruncido. Su piel, demasiado pálida, contrastaba con la oscuridad de su cabello. Aunque su expresión parecía serena en reposo, su cuerpo temblaba levemente, como si luchara contra algún recuerdo que aún la atormentaba.
Un golpe en la puerta anunció la llegada del médico. La señora Sinisterra entró junto a él, su rostro reflejando pre