Esteban titubeó. Sus labios se entreabrieron, pero no dijo nada.
—Es complicado, Alanna… —murmuró, bajando la mirada—. He pospuesto mi matrimonio por ti. He retrasado la expansión de mi familia porque no puedo sacarte de mi mente. Pero…
—Pero no te atreves a elegir —lo interrumpió ella con dureza—. Si de verdad me amaras, no habría peros.
El silencio se hizo pesado entre ellos.
Alanna sintió su corazón romperse un poco más.
—Vete, Esteban.
Él la miró con un dejo de tristeza en los ojos, pero no