La brisa de la mañana acariciaba suavemente los jardines de la mansión Salvatore. En el interior, un silencio apacible reinaba en la sala principal, roto solo por el eco de pasos decididos que se acercaban desde la entrada principal. La gran puerta se abrió con lentitud, revelando a dos mujeres que, a pesar del tiempo y la distancia, aún conservaban la misma fuerza en la mirada: Bárbara y Sabrina.
Alanna fue la primera en verlas desde el pasillo. Sonrió con sorpresa al reconocerlas, y caminó co