El salón estaba sumido en un silencio que parecía espeso, antiguo, como si cada rincón de aquella mansión cargara con los años de secretos, palabras nunca dichas y dolores que se habían guardado por tanto tiempo que ya se habían convertido en parte de los muros. La luz de la tarde caía suavemente a través de los ventanales, tiñendo los muebles con un resplandor ámbar que lo envolvía todo en una melancolía cálida. Afuera, los pájaros comenzaban a silenciarse y el cielo se coloreaba de naranjas y