Alexa se separó de la ventana con lentitud, como si cada músculo le pesara toneladas. Caminó por la habitación en silencio, arrastrando los pies descalzos sobre la alfombra mullida. Su mente no dejaba de repetir los datos que acababa de oír: Allison había sido criada junto al mar. Era una excelente nadadora. Había fingido ahogarse. Y lo había hecho solo para mandar a Alanna al castigo.
—Y todos le creyeron —murmuró Alexa con una mezcla de asco y admiración—. Le creyeron porque tenía el apellido